Hay muchas cosas que me caracterizan. Muchos aspectos de mi personalidad, como me muevo, como me visto, como pienso, que digo, como lo digo y cuando lo digo. Como actúo con mis amigos, familia, en el subte, en un avión. Eso y millones de cosas más. Pero una de las cosas que más me caracterizan es una que en este momento me está faltando: el amor. Soy un romántico empedernido, siempre lo fui. Me acuerdo de mi, cuando tenía 8 años y me gustaba una chica, imaginándome una situación en la cual le declaraba mis sentimientos. Eso fue hace mucho tiempo ya.

Yo crecí, y lo que sentía por las chicas que me gustaban fue profundizándose, cada vez más, hasta llegar a ella. Fue lo más intenso que me pasó en la vida, lo más sincero que sentí. Y entre más tres años de idas y vueltas, todos míos porque ella nunca se enamoró de mí, puedo decir con confianza que la superé. Pero ya no de la manera inocente que lo dije mil veces antes, sé lo mucho que la quiero y toda la vida la voy a querer, pero después de volver a hablar con ella me dí cuenta que no era lo mismo, los dos habíamos cambiado un poco. Y ese poco de ambos fue suficiente para suprimir ese extremo amor que yo sentía. Aprendí mucho durante todo ese tiempo. Sobre ella, sobre mí, sobre las relaciones y sobre la vida. Crecí mucho, cambié varias veces mi forma de ser. Pero esto que escribo hoy no es sobre ella, es sobre mí.

Ya hace tiempo me di cuenta que la había superado, y hace mucho tiempo antes me di cuenta que era una causa perdida. Y desde ahí, me falta algo. El amor. El amar a alguien, el querer ser amado, el hacer todo para ver a esa persona, estar con ella, buscar su atención aunque sea por un fugaz instante. Como dije antes, siempre me caracterizó el amor. Siempre que veo una película, una serie, o leo un libro, lo que más me interesa es la historia romántica. Siempre me caracterizo con ellos, los personajes enamorados que se desviven por ese amor. Y hace tiempo no lo tengo. Y lo busco, lo busco por todos lados pero no lo encuentro. Sé que no se busca, se encuentra. Pero la espera me mata. Necesito buscar a alguien, pasar por su casa, aprenderme el nombre de sus primos, todo para que ella me vea a mi, y se quiera aprender el nombre de los míos. Pero nada, no llega. Y yo sigo esperando que aparezca. De cualquier manera, ya sea un falso amor. Algo que me engañe por algunos meses, que me distraiga del hecho de que sigo esperando. Porque siempre voy a estar esperando, hasta que aparezca. Porque sigo siendo ese chico de ocho años que se le quiere declarar a una compañerita.

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¿Qué saben ellos?

Que fácil es hablar de afuera. Ves cualquier situación y decís “uy como se está equivocando este pibe” o “claro, yo no hubiera hecho eso porque después terminás mal”, y otras millones de variantes. Siempre se le encuentra el error a los demás, es lo más evidente. Resaltan los “errores” (porque no siempre son errores). A veces son muy evidentes, otras no tanto, y otras pasan desapercibidos. Pero no siempre son errores. Yo soy de la idea de que casi nada es un error, que si funciona genial, y si no, experiencia. Nadie es quien para decirle a nadie cuantas veces tiene que tropezar con la misma piedra.

Recientemente me di cuenta que sigo enamorado de la chica que creí había superado. La quiero ver, le quiero hablar, quiero que volvamos a ser amigos. En el momento que me di cuenta y tomé esta decisión, ya me empecé a imaginar los “consejos” de mis amigos. Uno me apoyaría, siempre me apoya. Otra me diría “cuidado”, pero sin ir más lejos. Y después están los metidos de siempre. “Uy ¿pero de vuelta? No aprendés más.” Sí, de vuelta. Una y mil veces más. Hasta que funcione o simplemente lo supere. Pero lo supere de verdad, no como los otros cientos de veces en los que creí que la había superado pero solo me estaba engañando. De vuelta. Sé que puedo sufrir, que es muy probable que la historia se repita. Pero no me importa. A riesgo de sonar cliché voy a decir que el corazón quiere lo que quiere. Punto.

Los rápidos en opinar son, en general, los que menos soportan opiniones ajenas. Creen que hacen todo a la perfección y cuando falla, es culpa del otro. Y no funciona así. No hay un manual, una guía para las relaciones. Cada persona es diferente, y cada relación es diferente. No podés pretender que funcione como un reloj suizo. Simplemente no es así. Y como creen tener las respuestas a todos los problemas de la vida, siempre meten la nariz donde no les incumbe. La relación de los otros. Su opinión es ley, y es una falta de respeto hacia ellos que no la aceptes. O al menos eso piensan.

Yo vivo mi vida como se me cantan las pelotas. Hago lo que quiero mientras no afecte a un tercero. ¿Qué esto sea un error? Probablemente. Me chupa un huevo. Hay pocas cosas de las que estoy seguro en la vida, muy pocas. En este momento, una de ellas es que la amo profundamente como si fuera el primer día y nunca me hubiera roto el corazón al no corresponder lo que me pasaba. Es una chica tan buena, en esencia. Y encaja en todos mis estándares. Y los que tuve que construir para ella.

Tal vez exagere, tal vez la vea un poco idealizada. No soy estúpido. Si fuera tan perfecta para mí probablemente hubiera funcionado la primera vez. Pero siempre, siempre hay esperanza. No me voy a dar por vencido en lo que más quise en la vida, en toda mi vida. Voy a luchar, siempre a mi manera, hasta estar con ella. O como dije antes, superarla de verdad. Pero no voy a perder. No me voy a dejar ganar, no me van a convencer las opiniones de terceros que no pueden entender ni un poquito todo lo que me pasa por la cabeza cuando pienso en ella y yo, juntos. No voy a dejar que nadie me venga a decir como tengo que hacer las cosas. Yo no sé como hacer las cosas, voy improvisando. Que venga el pelotudo de manual a decirme “Uh pero date cuenta” “¿Cómo le vas a decir eso?” o “yo te avisé eh”, que igual lo voy a ignorar.

Esta en juego mucho, y el único que está jugando soy yo. No me importa que las probabilidades digan que voy a salir perdiendo, sufriendo. No me interesa que sea casi inconcebible una victoria. Porque solo eso necesito. Una victoria, un triunfo. Y listo. Y el resto, que digan lo que quieran. Si total, ¿qué carajo saben?

De vuelta al principio

No la superé un carajo. Nada. Todo eso que escribí antes, no me significa nada en este momento. Todo lo que creía, se fue. Así, de la nada. Fue todo un suceso de eventos que me hizo darme de cuenta de que la amo y siempre fue así. Esto pasó.

Tuve la virtual oportunidad de conocer a otra chica y me emocioné. Después no funcionó, al momento de conocerla cayó todo, no pasó nada. Menos de un minuto. Y yo no entendía que estaba pasando, porque me había afectado si yo a esta otra chica no la conocía y no esperaba nada de ella. Y me di cuenta que era porque yo había armado una relación hipotética en mi cabeza. Quería estar enamorado de vuelta. Y entre una cosa y otra, ella volvió a aparecer en mi mente. Esa chica que por tanto tiempo me generó tantas cosas. Y empecé a pensar en todo lo que me generaba. Y supe que ella era la misma persona que siempre fue. Ese tipo de esencias no cambia. No me hizo falta verla, ni hablarle. Con solo recordarla, me di cuenta. Había una conexión muy fuerte entre nosotros, por lo menos para mí. Ella es todo lo que siempre quise. Me di cuenta que si ella no había cambiado su núcleo, ni yo el mío, era obvio. Yo seguía amándola. Yo sigo enamorado de ella.

Fue un choque, inesperado. Estaba 100% seguro que la había superado, al menos en gran parte. Y esta vez no necesité verla, ni hablarle, ni saber que estaba de novia con algún tipo. Estoy volviendo a ser esa versión mía que tanto me gustaba, esa versión que aprendí a ser con ella. La versión que se fue, cuando ella se fue. Y al volver a ser esa versión, más positiva y alegre, volví a pensar en ella. Ella, que me dio tanto, que me enseñó que la vida puede ser perfecta hasta cuando es mala. Que siempre, siempre hay algo positivo. Solamente hay que buscarlo. Me había olvidado de todo eso. Pero al recordarlo, la recordé a ella.

Anoche me golpeó fuerte el hecho de que ella no está. La primera vez que me di cuenta que yo estaba enamorado de ella, fue diferente. La tenía. Era mi amiga, hablaba con ella todos los días. Y ahora no. Cuando le dije que la amaba, esa amistad no pudo ser más. Tuvo que irse por el bien de ambos. Yo iba a sufrir, y ella a su modo también. Me quería mucho para hacerme sufrir, sabiendo que me estaba haciendo sufrir. Y yo la quería mucho para ponerla en la incómoda posición de tener un amigo enamorado de vos. Entonces fue como darme cuenta la primera vez, solamente que esta vez me di cuenta sin ella. No la tengo. Y no lo digo en un sentido posesivo, lo digo en un sentido más metafórico. Ella no está conmigo. No le hablo, no la veo, no sé mucho de su vida. No sé ni un poco de lo que me gustaría saber.  ¿Cómo sigo ahora?

Como pueda. Es así. La amo muchísimo, no lo puedo evitar. Mis amigos dicen que no, que en realidad es que estoy sólo y vuelvo al último amor, por así decirlo. Pero sé que no es así. Es indescriptible lo que pasa por mi cabeza. Siento mucha fuerza, mucho potencial. Tengo ganas de llorar, gritar, hacer cosas, no hacer nada. Todo al mismo tiempo, y mucho más. Quiero estar con ella y que ella quiera estar conmigo. Que ella quiera querer estar conmigo. Que me extrañe tanto como yo la extraño ahora. Pero no va a poder ser. Ella no me ama. Punto. Tengo que asumirlo. La quiero de vuelta. La quiero conmigo, contar con ella y que cuente conmigo. Pero no va a poder ser.

Mis pensamientos están desordenados. No puedo organizar mi forma de pensar. ¿Hay algo que pueda hacer para que ella vuelva? Me debato entre dos formas de pensar. Si tiene que ser, será. O si querés que algo pase, hacé que pase. Me inclino por la segunda, pero realmente no sé. No sé que hacer. ¿Hay un verdadero amor, o esas cosas se cultivan y van creciendo? ¿Podría ella enamorarse tanto de mí como yo lo estoy de ella, o simplemente no va a pasar? No sé. No sé si me estoy dando por vencido al no hacer nada, o si ya hice todo lo que podía hacer. O si simplemente no hay nada por hacer, y me tengo que hacer a la idea que ella no está destinada a terminar conmigo. ¿Habrá alguien más? Alguien que me haga sentir mucho más, y que sea mutuo, correspondido. Espero que sí.

Hay opciones. O hay un amor verdadero y es ella, y ella todavía no sabe que soy yo. O va a ser no correspondido toda la vida. O no es ella. No la conocí todavía. O si la conocí, pero todavía no sé que es ella. O simplemente no hay un amor verdadero. Hay tanta gente en el mundo. Tal vez sí se cultive, y crece. Va pasando el tiempo y nos damos cuenta lo mucho que amamos a una persona, y viceversa. No sé.

Lo único que sé en este momento es que cuando me di cuenta que la amaba, fue instantáneo. Las dos veces. La primera vez sentí una conexión, podía hablar con ella como si la conociera de siempre. La segunda vez, ya sabía de esta conexión. Solo la recordé. Espero que en algún momento todo tenga sentido otra vez, todo encaje como alguna vez pensé que encajaba. Lo que sí creo es que no estoy destinado a pasar la vida así, sólo. A pesar de todo esto sigo siendo una persona feliz. Aprecio lo que tengo, y mucho. Creo que el amor es lo más importante. Solo me falta ella, sea Ella o una nueva ella, desconocida. Esperando a recibir todo este amor que tengo para dar.

Extraño.

Ayer pensé que la extrañaba. Empecé a pensar en todo lo que había pasado, tanto lo bueno como lo malo. Pero me di cuenta que no es que la extraño a ella. Como amigos, puede ser. Pero no es que quería lo que quería antes con ella. No era ella lo que extrañaba. Era la sensación, lo que me pasaba.

Un amigo me suele decir que como puedo hablar bien de estar enamorado dado que siempre me fue mal en ese área. Y no es por que tan bien me vaya, si me pongo de novio o si me rompen el corazón. Es lo que siento en el momento. Vale cualquier cosa. Es un sentimiento tan puro, tan real. Ser feliz simplemente con verla. El tema ahora es, ¿a quién? Estoy seguro que voy a encontrarla, pero ahora eso no es lo importante. Lo importante es lo que quiero sentir.

Quiero volver a sacrificar horas de sueño para tener una conversación de lo que sea. Quiero verla, y con tan solo verla sentir que todo va a estar bien. Sentir la sangre agolpándose en mi cara, mi pulso acelerarse y un sentimiento pesado en el estómago. Sonreír al ver que me ve. Hablar de cosas importantes, y de boludeces. Abrazarla y acompañarla, quererla. Estar ahí con ella cuando le pasen las mejores cosas, y también las peores. Conocer a su familia y que conozca a la mía. Cocinarle. Escucharla. Quiero amarla. Pero no la conozco todavía.

Tuve todo esto, y lo perdí. Lo perdí porque el amor se juega de a dos, y yo estaba jugando sólo. Ella era todo lo que podía querer, excepto por una cosa. Yo quería a alguien que me ame tanto como yo la amaba, y ella no podía darme eso. No podía obligarse, y yo no quería que se obligue. Pero esto no es sobre ella, es sobre mí. Sobre lo que siento que me falta. Es un gran vacío en mi vida. Mi familia es espectacular, mis amigos son excepcionales. No me quejo por ese lado, y llevo una vida feliz. Pero para que sea completa, falta ella. No ella, sino una nueva ella. Alguien que haga parecer que todo lo que sentía por ella es nada, comparado con lo que quiero sentir por la nueva ella.

La quiero conocer. Quiero que ella este tan atraída por mí como yo por ella. Y no hablo sexualmente. Esa atracción de personalidad que es tan difícil de conseguir. Quiero que se ría de mi humor rebuscado e inteligente, y también del estúpido y obvio. Quiero que entienda cuando me enojo, que me acompañe en mi mal humor y escuche mis quejas. Que me diga cuanto estoy siendo un pelotudo y que aprecie cuando no. Quiero todo esto y más. Mi mayor ambición en la vida.

Entonces sí, extraño. Extraño sentir todo esto, querer todo esto con una persona en especial. Extraño levantarme y ver que me habló. Extraño llamarla solo para escuchar su voz. Extraño armar planes rebuscados y complicados para encontrármela en la calle y hablar por 5 minutos. Extraño pensar que me amaba, y ser feliz solo con mi pensamiento. Extraño lo que me hacía sentir cuando me decía que me quería, aunque para ella fuera simplemente una gran amistad. Extraño estar enamorado.

Volverla a ver

A veces pienso en ella, cuando pienso en todo lo que sufrí, como terminó y con una sensación de impotencia que tuve por casi dos años. Realmente puedo decir que cambió mi forma de actuar, de pensar, hasta de relacionarme. No puedo decir que estuve deprimido, pero si estuve triste y malhumorado por un tiempo largo. Nunca extrañé tanto a otra persona como a ella. Cuando me la cruzaba se me daba vuelta el estómago. Pero hace poco, pasó algo maravilloso.

Hacía ya meses que yo no la veía. Ella vive cerca de donde yo vivo y me manejo, por lo cual es muy común encontrármela en la calle. Así fue que, la otra noche mientras un amigo y yo caminábamos, nos la encontramos. A ella y a su ¿novio? En el momento tuve una extraña sensación, el típico vuelco que daba mi estómago al encontrarla. Nos saludamos con una sonrisa, y cada quien siguió su camino. Mi amigo y yo dedicamos 5 minutos a reírnos de la ocasión y seguir con lo nuestro. Pero más tarde, cuando quedé sólo en mi cama con mi cerebro, empecé a recapitular. Y me di cuenta de algo que cambió por completo mi perceptiva de la situación. No me había molestado. Yo no sabía de la existencia de este supuesto novio o lo que fuera. Fue una completa sorpresa para mí. Sin embargo, no me había quedado una sensación de celos, mezclado con enojo y tristeza. Nada.

En otros momentos, simplemente cruzarmela a ella en la calle hubiera sido suficiente para mantenerme despierto toda la noche, ni hablar si la hubiera visto con un pretendiente. Con solo pensar en la posibilidad de que ella tuviera un novio me entristecía terriblemente. No porque quisiera que ella estuviera sola, pero por no poder ser yo ese novio que la hiciera feliz. Y esta vez absolutamente nada. Entonces me di cuenta. Me di cuenta que ese peso que sentía en mi pecho y estómago hace años ya no era tan pesado, casi inexistente. Me di cuenta que finalmente podía comenzar a pensar en otra gente. Me di cuenta que la mayor parte de mí la había superado.

A cualquiera que ya haya leído alguna entrada mía antigua (esta por ejemplo) todo esto le va a sonar muy familiar. Que la superé, que ya está. Que borrón y cuenta nueva. Pero cada vez que escribía algo así, que yo me lo creía, todo eso era derrumbado al verla en vivo y en directo. Al verla, me daba cuenta que la amaba y que yo podía escribir todo lo que quisiera, pero ninguna cantidad de entradas iba a cambiarlo. Pero eso era completamente al revés. Yo lo escribía y después la veía. Hoy estoy escribiendo después de verla.

No soy ingenuo. Sé que una parte de mi siempre la va a querer. Por más de que ella y yo nunca fuimos más que increíbles amigos, compartimos muchísimo juntos. Yo podía confiar tanto en ella como ella en mí. La relación que tuve con ella fue una de las más honestas que tuve en mi vida. También sé que, si sentí ese golpe en el estómago al verla, es porque no está completamente fuera de mi sistema. Pero ya no la deseo. Y no le pongamos una connotación sexual. Me refiero a que la quiero, pero no la deseo para mi. La quiero como la gran persona que es, y sé que será toda su vida. Y me encantaría que en algún futuro pueda volver a ser mi amiga, una de las mejores amigas que alguna vez tuve.

Y a cualquiera que esté leyendo y esté pasando por lo mismo, le digo: no hay un manual para esto. Un día estás seguro que la amas, otro que ya nunca te va a importar. Te convencés de que te ama, o de que no la amás. A mi me tomó muchísimo tiempo. Nadie te dice que tan duro va a ser, o como te va a afectar. Y nadie te lo puede decir. Cada persona es diferente, cada relación es diferente. Si sentís que podés luchar por lo que te pasa, hacelo. Si es una causa perdida, dejalo. Y claro que todo esto seguro ya lo sabés. Pero algo que me ha servido a mi, y sé que le ha servido a otros, es que a veces está bueno ver escrito lo que pensás por alguien más.

 

Cambiar de página

¿Cuál es el punto de vivir lamentándose? Desde que ella me dijo que no sentía lo mismo que yo, una parte de mi siempre está añorando que cambie de parecer, que vea que somos perfectos juntos. Y aunque por momentos acepte más la situación como es en realidad, nunca esta completamente fuera de mi mente. Y eso significa que no termino de enfocarme 100% en nuevos proyectos, siempre buscándole la vuelta para que tenga algo que ver con ella, por más mínimo que sea. Es una distracción constante que no me deja aceptar las cosas como son. Ella no me ama.

Al principio es duro, un poco lo sigue siendo. Pero en los últimos días lo estuve pensando mucho y llegué a una conclusión a la que debería haber llegado hace meses. Que es hora de otra cosa. Una parte de mi la sigue amando, pero no puedo permitir que todo en mi vida se vea cambiado para tratar de hacer funcionar algo que jamás va a funcionar. Porque no podés hacer que alguien sienta algo que no siente. Por más que la otra persona quiera sentirlo, tampoco se puede obligar. Entonces decidí que ya era momento de basta. Cuando la veo me sigue causando una extraña sensación, pero no puedo permitir que maneje mi vida alguien que no quiere nada conmigo. No estoy enojado con ella porque nunca quiso hacerme sentir mal, y ella no está enojada conmigo porque sabe que no puedo evitar sentir lo que siento. Y, por más que me duela decirlo, no podemos tener ni una relación de amistad. Aunque sea por ahora. Porque sé que ella va a estar incómoda y yo voy a confundir las cosas, porque no puedo evitar pensar que me ama cuando me ve y sonríe, aunque los dos sabemos que no es así.

Entonces vuelvo a mi pregunta, ¿cuál es el punto? Basta. Basta de sufrir y desvivirme por una persona que no quiere que lo haga. Siempre la voy a querer, pero finalmente sé que eso no significa que tenga que esperar que ella quiera estar conmigo. Y si ella no lo espera, ¿por qué debería esperarlo yo? Las relaciones son recíprocas. No tiene que haber una persona que ame sin ser amado, ni tampoco alguien que esté por lástima. Termina lastimando a los dos. Uno se cansa y el otro se deprime. Hoy lo sé. Hoy puedo mirarla y saber que allá va una persona espectacular, pero que no pertenece conmigo, ni yo con ella. Desearle lo mejor. Saber que es perfecta, realmente perfecta. Pero para alguien más. Y que la persona que es perfecta para mi, la que estoy buscando, está en otro lado. Con un poco de suerte, también buscándome a mí.

Con ella y sin ella

Hay momentos en los que estoy seguro que la superé, que ya está, que es un capítulo viejo de mi vida. Hay otros en los que es completamente al revés, y estoy seguro de que jamás la voy a superar. Y otros, como ahora, en los que es más que eso. En los que estoy seguro de que es el único e inigualable amor de mi vida, que es todo lo que puedo pedir y más. No es sencillo.

No es sencillo porque ya no hablamos más, porque no tenemos esas conversaciones que duraban horas y me dejaban con una sensación enorme de plenitud, de felicidad. No es fácil porque no sé mucho de su vida, no sé si tiene novio, si está contenta, si tiene algún problema. Es difícil porque no me ama.

Últimamente estuve pasando más tiempo cerca de ella. No con ella, pero la veo casi todos los días y tenemos charlas que rayan en lo cordial. Esas charlas casi frías son las que me hacen pensar que ya está, que no puedo seguir pensando en ella porque si me trata con tal indiferencia, es que realmente no vale la pena. Pero entonces me la cruzo un día con más tiempo, y charlamos un poco más. Y recordamos algún momento de ese año perfecto del que ya voy a hablar algún día. O se me acerca, preocupada porque escuchó una mala noticia que de alguna forma me concierne. Entonces todo eso que pensaba desaparece. La veo sonreír por causa de algún comentario mio y siento esa felicidad nostálgica que hace tiempo no sentía. Sé, en ese momento, que va a resultar imposible que yo deje de amarla. Un sentimiento cruzado entre lo que creo sentir, lo que debería sentir, y lo que en realidad siento. No puedo evitar pensar en ella, esperar que esté bien. Me genera tanta tristeza como felicidad.

Sé que en otro momento volveré a leer esto y pensaré que es una estupidez, que ya la superé. En otros lo leeré y pensaré que me quede corto, que ni siquiera comencé a describir lo mucho que la amo. Pero eso es lo bueno, y lo malo, del amor. Que es impredecible